Meditación, como herramienta para lograr objetivos

La meditación es una de las herramientas más importantes para poder acallar la mente y así integrarnos con Dios. Meditación es silencio y quietud. Un salmo bíblico expresa: “Quédate en silencio y conoce que Yo Soy Dios”.

El objetivo fundamental de la meditación es encontrarnos con nosotros mismos. Muchas culturas utilizan la meditación con el objeto de relajación, mas este fin es solo el principio y una de las muchas consecuencias provechosas que existen.

El silencio es muy importante, porque en el silencio experimentas y comprendes la verdad, el amor que es Dios. En el silencio experimentas lo que transciende todo pensamiento, estás en contacto íntimo con tu ser verdadero. Al meditar realizas un viaje al interior, es un viaje tan placentero que formará parte de tu vida. La verdad es comprensión, no es aceptación ni adaptación, la verdad es la verdad, y la verdad es Dios.

Para meditar te enseñaré el uso de las palabras que tienen poder vibracional en nuestro ser. Las palabras son tan poderosas que transforman, eso ya pudo comprobarlo científicamente Masaru Emoto con los experimentos que hace.

Muchas personas entienden al uso de las palabras vibracionales como mantras.

Busca un lugar en donde no tengas interferencia como sonidos o cualquier otro estímulo que pueda distraerte.

Puedes hacerlo en un asiento, una cama o en donde te sea más cómodo, el requisito aquí es que tal comodidad te brinde profunda relajación.

Cuando estés en tu sitio preferido para meditar, empieza a profundizarte en la relajación poniendo atención a tu respiración. Empieza a visualizar que desde el espacio viene una gran luz con rayos dorados y que empieza a penetrar en tu cuerpo, ésta divina luz se encargará de que llegues a la relajación profunda.

Luego, cuando estés en profunda relajación, empieza a repetir mentalmente la palabra vibracional que escogiste, puede ser la palabra Amor, Dios, Gracias, etc. Trata de repetirla siguiendo el ritmo de tu respiración, no tienes que forzar nada, simplemente deja que las cosas pasen naturalmente. Entonces, tienes que repetir mentalmente el mantra que escogiste.

Cuando un pensamiento, imagen, ruido u otra cosa quiera distraerte, deja que pase y vuelve al Mantra. No pienses en el significado del mantra, simplemente concéntrate en su sonido.

Meditar tiene que ser practicado con frecuencia. Recomiendo que lo hagas por treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche. Ya con tu experiencia buscarás llegar más lejos, hasta que te encuentres con Dios, la conciencia infinita que es la verdad y que está en todas las cosas. Meditar es recordar, es integrar, es avanzar y amar.

Meditar es una puerta que la gran vida nos la abrirá cuando queramos entrar.

El mantra o palabra vibracional que escogiste será el timbre de la puerta, será la herramienta que uses para meditar. Con la práctica dicho mantra será parte de tu ser, tan profundamente, que después con solo pensar en ella, en estado de relajación, estarás en integración con tu ser divino.

Existen muchas formas para llegar a la relajación profunda, si prefieres puedes utilizar la música, especialmente música instrumental, ya que una pieza con voz tiende a distraer la mente, en cambio con la música instrumental experimentas fusión, porque la atención desaparece; no hay quien atienda ni qué ser atendido, entonces te haces uno con eso.

La meditación es una forma más de canalizar la fe para que se produzca la integración con la conciencia infinita. A continuación te enseñaré la meditación de los chakras. Los chakras son centros energéticos en el cuerpo que equilibran el cuerpo y espíritu. Son poderosas creaciones que facilitan el encuentro con uno mismo. Los chakras no dejan de ser una creación humana, pero el fin es provechoso.

Cada chakra tiene su palabra vibracional, que sirven para silenciar la mente mientras nuestra concentración sea profunda y directa hacia el chakra. La meditación de los chakras es corta y efectiva, con la práctica puedes llegar a conocer a Dios. Antes de empezar, relaja tu cuerpo con el ejercicio de respiración que te enseñé.

Luego tienes que concentrarte en el chakra y su ubicación, pronunciando el mantra o palabra vibracional que corresponda, ya sea en voz alta o mentalmente, lo que importa más es la intención, por eso no hay diferencia si el mantra lo pronuncias en voz alta o mentalmente:

1. Primer chakra. Está en la base de la columna, de color rojo y su mantra es LA. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste.
2. Segundo chakra. Está en la zona genital, de color naranja y su mantra es BAM. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste también.
3. Tercer chakra. Está entre el ombligo y el pecho, el plexo solar, de color amarillo y su mantra es RAM. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste
también.
4. Cuarto chakra. Está en la zona del corazón, de color verde y su mantra es YAM. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste también.
5. Quinto chakra. Está en la zona de la garganta, de color azul y su mantra es JAM. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste también.
6. Sexto chakra. Está en el entrecejo, es el tercer ojo, de color lila y su mantra es OM. Concéntrate en este chakra y pronuncia el mantra, primeramente en voz alta y luego mentalmente. Dedica aproximadamente un minuto para éste también.
7. Séptimo chakra. Está en la parte superior de la cabeza, por encima, tiene todos los colores del arco iris predominando el violeta.

Aquí no hay mantra, simplemente quédate en silencio y concéntrate en éste. Dedícale el tiempo que quieras. En muchas escuelas de iniciación, el uso de los chakras es primordial, es como una senda que eleva nuestros niveles de fe y conocimiento hasta llegar a la iluminación. La meditación de los chakras puedes practicarla antes y después de dormir.

Ahora, la meditación del sano despertar; por las mañanas al despertar, antes de nada, di en voz alta que te sientes muy bien, que hoy es el mejor día, que tienes muchas energías y cosas que te hagan sentir bien. Siempre exprésate en presente, ya que la conciencia infinita no tiene tiempo ni espacio. Con este procedimiento, todo lo que digas en el momento que despiertas, será palpable en el transcurso del día.

El conocimiento de uno mismo

La recta comprensión consiste en entender las cosas como son, no como parecen. Significa examinarse y observarse así mismo.
Piyadassi Thera “Conócete a ti mismo” era el lema que rezaba en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos. Esa es la gran tarea a la que nos aventuramos como hombres, saber quiénes somos y por qué estamos aquí. La ignorancia es la causa del sufrimiento.
El deseo es ignorancia, apego a algo que no se conoce, algo que se proyecta en la mente pero que no se puede materializar.
Cuando se materializa, se deja de desear, porque ya se ha obtenido.
Es lo que los budistas llaman klesa o pasiones. El que se deja llevar por las pasiones no conoce la realidad, es víctima de su ignorancia. El hombre dionisíaco se ve abocado al abismo de su imposibilidad de autocontrol. El que se conoce a sí mismo sabe que el deseo es una ilusión. El deseo nace del instinto, y hay deseos que son necesarios, como el hambre. Sin ellos no podríamos vivir. Por eso, el sabio conoce sus deseos, no los niega, pero tampoco es víctima de ellos. Desear es estar vivos, sin deseos seríamos como máquinas. Ser conscientes de esta verdad nos hace posible reconocer que, como humanos que somos, compartimos con los animales una naturaleza intrínseca, y no debemos apartarnos de ella. Pero, sin duda, somos algo más que animales. Y he ahí la naturaleza del hombre sabio, aquel que es consciente de sus limitaciones, pero también de sus virtudes.

¿En qué consiste examinarse y observarse así mismo? Es algo muy difícil y muy sencillo al mismo tiempo. Difícil porque requiere cierta voluntad y fácil, porque con esa voluntad ya lo has conseguido. Empieza por descubrir –si aún no lo has encontrado- el Ser Espiritual que hay dentro de ti. Es una parte que todos llevamos dentro, un rincón de nuestro corazón que está esperando a nacer y desarrollarse. Todo cambia dentro y fuera de ti, así que no te esfuerces en querer prolongar un estado cuando de alguna forma llega a ti la alerta del cambio.

Es necesario que las cosas pasen de un estado a otro, que tras el silencio se manifieste el sonido o al contrario. No te preocupes, no seas agente sino testigo. Hay un proverbio oriental que dice: “Si tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no tiene, ¿por qué te quejas?”. La aceptación es la base de la virtud, de la sabiduría interior. Como dijo Confucio: “Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo”. Si estás enfermo o pasas por un momento crítico en tu vida, acéptalo, sin más, y aprende del ello. Todo lo que nos ocurre está destinado a favorecer nuestro desarrollo espiritual si sabemos mirarlo con los ojos del espíritu.

Todo lo que hacemos en nuestra vida debería ser hecho desde la paz del espíritu, así no crearíamos nuevos conflictos, pero, ¿cómo se llega a ese paz?, ¿cómo conecta uno con su espíritu? Sólo es necesaria la voluntad para hacerlo.

Existe una práctica muy poderosa. Cuando estés en la cama –antes o después de dormir- dedica diez o veinte minutos a hacer lo siguiente. Pon la mano izquierda sobre el corazón y la derecha sobre el vientre (estarás actuando sobre los chakras 2º y 4º). Deja libre el pensamiento –la mente en profunda quietud- y céntrate en la respiración, nota cómo entra y sale el aire por las cavidades nasales. Hazlo despacio, como si el aire fuera bañando tu respiración nasal de una profunda y limpia energía, puede hacerse con los ojos abiertos o cerrados. Recuerda, deja libre el pensamiento, céntrate solamente en la respiración, la mente quieta como una roca, inamovible. Al cabo de dos o tres irás notando una profunda paz, un agradable calor en el corazón y en el vientre, estarás conectando con la Energía Universal y la estarás canalizando en tu interior. Dijo San Agustín que “la paz es tal bien que no se puede desear otro mejor ni poseer otro más útil”. Con esta técnica te harás dueño de ti mismo, de tu paz interior. Ese es el primer paso para conocerse a uno mismo: la paz de espíritu.

Tarot y Cábala, última entrega

A esta última categoría pertenece la cartomancia, de la que el Tarot es el grado más complejo y especializado.

Es frecuente que, con un criterio generalizador poco riguroso, se confunda el esoterismo con la mística, la magia o hasta la simple y pura superstición. Para Charles Grandin (Les sources de la pensée sauvage) “el esoterismo es un riguroso método de conocimiento; la mística, un proceso en principio emotivo y escasamente intelectual, cuyos resultados son imprevisibles; la magia, una técnica o un oficio, como pudieran serlo la medicina o la alfarería. Si se confunde estos términos a menudo, es sólo porque los tres apuntan a lo mismo”.

Partiendo como parte de un pensamiento más simbológico que verbal (en la medida en que reconoce el principio según el cual la verdad es inefable y toda formulación la distorsiona) era previsible que el conocimiento esotérico atravesase los siglos, de la escolástica para aquí, como una supervivencia apenas tolerada de la mentalidad infantil de la humanidad. A ello colaboró, en primer lugar, el absoluto predominio que se dio a la especulación verbal como vía de conocimiento en las culturas de Occidente y, en segundo término, el propio ritmo de vida de estas culturas, cada vez menos propenso a facilitar los benéficos de la meditación absorta.

El tercer factor descalificador del pensamiento esotérico -y, sin duda, la razón más evidente de su largo desprestigio- lo constituyó el ejército de charlatanes, improvisadores y exaltados que, desde mediados del siglo XVIII pretendieron estar en posesión de todas las llaves más o menos secretas de la sabiduría y de la felicidad. A muchos de ellos hay que agradecerles, no obstante, su papel de puente histórico entre un conocimiento en extinción y la apertura metodológica de las investigaciones contemporáneas; pero no es menos cierto que su lenguaje ampuloso, su soberbia, y con frecuencia su incultura, colaboraron notablemente al desprestigio de aquello que pretendían exaltar.

Puede decirse que la concepción moderna de las disciplinas esotéricas parte de la lucidez y el esfuerzo del metafísico francés René Guénon, quien las dotó de «un léxico técnico, de un rigor y de una precisión casi matemáticos», como asegura uno de sus más brillantes seguidores, el filósofo y orientalista Luc Benoist (L’ésotérisme).

«El punto de vista esotérico no puede ser admitido y comprendido -dice Benoist- sino por el órgano del espíritu que es la intuición intelectual o intelecto, correspondiente a la evidencia interior de las causas que preceden a toda experiencia. Es el medio de proximación específico de la metafísica y del conocimiento de los principios de orden universal.

Aquí se inicia un dominio en donde oposiciones, conflictos, complementariedades y simetrías han quedado atrás, porque el intelecto se mueve en el orden de una unidad y de una continuidad isomorfas con la totalidad de lo real (…). El punto de vista metafísico, escapando por definición de la relatividad de la razón, implica en su orden una certeza.

Pero frente a esto ella no es expresable, ni imaginable, y presenta conceptos sólo accesibles por los símbolos. »

Sobre Tarot y Cábala

Como el Tarot, el conjunto de textos y sistemas derivados de ellos que se conoce bajo el nombre de Cábala (del hebreo Qabbalah;   literalmente, tradición), admite dos posturas investigadoras: la racionalista, que no considera más que su trayectoria históricamente comprobable y la mítica, que le atribuye una antigüedad y una extensión inverosímiles.

Entre ambas, también a semejanza de lo que ocurre con el Tarot, es seguro que se encuentra  la posición más cercana a la verdad y, sin duda, la de mayor riqueza especulativa.

Hay que admitir que Tarot y Cábala adquieren la estructura formal con la que han llegado hasta nosotros durante la Edad Media, pero es cierto también que sus contenidos no se producen espontáneamente en esos años, y, sus símiles y fuentes, como modelos mentales, como propuestas imaginativas pueden rastrearse cómodamente en la antigüedad, desde la astrología caldea, hasta esa feria suntuosa que fue el apogeo cultural de Alejandría.

Como brote coherente, y desde entonces interrumpido, el movimiento cabalístico parece haber surgido entre los siglos Xll y Xlll, en las comunidades hebreas de la Provenza (Bahir) y de Gerona, alcanzando su culminación en la obra del rabí español Moisés de León (muerto en 1305), quien cerca del 1280 publica el célebre Zohar (Libro del Esplendor), atribuyendo la mayor parte de su redacción al esotérico Simón Bar Iojai, un improbable rabí palestino del siglo II. Un investigador tan serio como Jacob Bernard

Agus (La evolución del pensamiento judío) niega esta última aseveración, así como las pretensiones trascendentes de todo el cabalismo, explicándolo más bien como un brote irracionalista que reacciona ante el pensamiento de Maimónides y su consecuente asimilación del genio helénico al judaísmo tradicional.

Para Luc Benoist, en cambio, la Cábala no puede ser entendida como un fenómeno simplemente histórico, sino como el cuerpo de la continuidad esotérica del judaísmo. En este caso, habría que remontarla a la figura de Moisés, y no sería otra cosa que la revelación que el profeta «recibió al par que la ley escrita, y que explica el sentido profundo de la Torá».

Por una interpretación parecida -en cuanto a la antigüedad no sólo de la Cábala sino de sus libros canónicos- se pronuncia también Matila C. Ghyka.

En uno u otro caso, es evidente que los cabalistas han manejado un material lo bastante estimulante como para producir «una vasta literatura, que cuenta con más de tres mil volúmenes» (Agus). Los ocultistas decimonónicos no podían desaprovechar la oportunidad de hacerse con un sistema tan intrincado e interminable, y han colaborado notablemente a la confusión con una biblioteca exegética casi tan voluminosa como la original.

Habitualmente parten de la Qabbalah Denudata, de Knorr de Rosenroth (Sulzbach, 1645), y entre sus obras más extensas y sistemáticas se destacan The Kabbalah Unveiled, de MacGregor Mathers, y The Holy Kabbalah, de White, «la obra más valiosa que se ha escrito sobre el tema», en opinión de Dion Fortune. Más cauto, Juan-Eduardo Cirlot adopta un criterio objetivo al recomendar «las obras más importantes de investigación histórica», entre las que destaca las de Gershon G. Sholem, profesor de la Universidad de Jerusalén, y las síntesis de Grad.

La especulación práctica de los cabalistas toma como elementos las relaciones entre las 22 letras del alfabeto hebreo (22 son también los Arcanos Mayores del Tarot, semejanza que -se pretende- no es casual), y los números (sephiroth) del uno al diez. Con la combinación de estos paralelismos se obtiene Otz Chaim (el Árbol de la Vida, que la artesanía popular reproduce tan frecuentemente en la evocación de la leyenda de Adán y Eva) que, según Fortune, es un verdadero «jeroglífico, un símbolo compuesto que tiene por objeto representar al Cosmos en su integridad y, a la vez, el alma del ser humano en relación con aquél».

Los partidarios del origen hebreo del Tarot, han encontrado sus más fértiles argumentaciones en las evidentes similitudes que lo ligan a la Cábala, aunque es más fácil suponer que tanto una como otro heredan del pitagorismo su simbología matemática.

Partiendo de este paralelo descubre Oswald Wirth la disposición de   los arcanos en siete ternarios y tres septenarios, que puede considerarse como un segundo paso en el entrenamiento para descubrir las relaciones internas entre las láminas. Para esto es preciso suprimir de la baraja a El Loco, naipe por otra parte sin numeración.

«Todo se desarrolla por tres que no son más que uno -dice Wirth-. En todo acto, uno en sí mismo, se distinguen en efecto:

1) El principio activo, causa o sujeto de la acción.

2) La acción de ese sujeto, su verbo.

3) El objeto de esa acción, su efecto o resultado.

Estos tres términos son inseparables y se necesitan recíprocamente. Se trata de la trinidad que encontramos en todas las cosas. La idea de creación implica: primero, creador; segundo, acción de crear; tercero, criatura. En cuanto uno de estos términos es suprimido, los otros dos se desvanecen. De una manera general, en los términos del ternario el primero es activo por excelencia, el segundo es intermediario, el tercero es estrictamente pasivo. Corresponden respectivamente al espíritu, el alma y él cuerpo.