02 - 06 - 2010

¿Qué significa buscar la paz interior? Posiblemente sea, dicho sencillamente, encontrar la manera de no pensar tanto, de liberarnos del pensamiento. Hacia ese punto se dirigen todas las prácticas de meditación y la búsqueda de todo estado de liberación.
Estar liberado significa despojarse de algo.


Despojarse de condicionamientos. Es quitarse peso para andar con más soltura, es desenvolverse como una pluma acunada por el viento. El peso de la razón nos aprisiona, nos erosiona como un martillo, nos ata a una realidad que casi nunca tiene que ver consigo misma. Porque la realidad, su esencia más pura y noble es la del vacío.

Cuando se habla del vacío a menudo se piensa en algo hueco y oscuro, sin sentido. Pero no hay nada que tenga más sentido que el vacío. El vacío es el principio de todo y la ansiedad surge precisamente del miedo al vacío y la necesidad de llenarlo con lo que sea. El pintor crea su obra de arte a partir de un espacio en blanco, el sacerdote comienza su sermón a partir de un silencio consensuado. Al despertarnos del sueño de la noche comienza nuestra tarea de ir llenando el vacío.

La paz interior es un estado donde no es necesaria la palabra para dar sentido a esa vivencia. Vivir la paz interior es únicamente dejarse llevar por lo que “es verdadero” sin necesidad de decir “esto es verdadero porque…”. Los maestros zen llaman a esta experiencia “satori”. Como dijo Yuan-Wu: “Cuando ya no hay nada ligado a tu mente, y has llegado limpiamente al otro lado, estás preparado para el perfeccionamiento”.

¿Qué quiere decir con “llegar al otro lado”? Significa acceder al vacío de la mente. A limpiar ésta de los pensamientos ordinarios, a cultivar la atención correcta, que es aquella que “está presente sin más en el ahora”, sin otra intuición que la que precisa la contemplación silenciosa del momento presente. La intuición es la “facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”. La intuición continuada es el satori, es la comprensión iluminada, desvelada.

A través de las enseñanzas de los grandes maestros obtenemos pautas que nos ayudan a llegar a ese estado deseado para nuestro bienestar. Y, por supuesto, a través de la meditación, experimentamos la paz interior.

¿Cómo se realiza la meditación?, puedes preguntarte. A menudo algunas personas piensan que es algo muy difícil, que sólo se consigue con un esfuerzo brillante del dominio de la mente. Pero no es así. La meditación es muy fácil y no existen unas determinadas reglas para ejercitarla. Solamente una predisposición a dejar libre la mente, no interferir en ella, convertirnos en observadores de la misma, en huéspedes silencios de nuestro propio tumulto interior. Cuando se comienza a meditar suele ocurrir eso: que uno empieza a darse cuenta de que le es muy difícil dejar de pensar, de que los pensamientos se encadenan unos a otros, significando una lucha constante el tratar de aquietarlos. Pero sólo es cuestión de práctica. Una práctica muy sencilla, que no necesita de ningún esfuerzo, sino todo lo contrario.

La paz interior es un estado de autoconsciencia absoluta de no necesidad. La realidad es una fuente de percepción, por tanto, algo subjetivo. La paz interior también es subjetiva en el sentido en que es vivida por cada individuo de una manera concreta. He ahí el problema de etiquetar conceptos. Decimos “paz interior” y parece que designamos algo presente de la misma forma subyacente en la persona, pero la paz interior es una experiencia única e irrepetible, por mucho que se parezca a cómo la ha vivido otra persona. Por eso, hemos de dejar llevarnos por la percepción para captar la realidad. Ser conscientes de los fenómenos que se nos muestran en todo momento. La paz interior no sólo es un momento de tranquilidad absoluta en un lugar donde no somos molestados por nadie, de recogimiento y de aislamiento. No, el hombre que ha alcanzado la paz interior la sabe llevar consigo, allá donde esté, entre el tumulto o entre el silencio.

Vamos en la senda correcta cuando decimos “buscando la paz interior”. En ese querer llegar muchas veces hemos llegado sin saberlo. Sólo hay que ser consciente de que está ahí para que se nos haga presente. ¿Y dónde está? Es evidente, dentro de nosotros. ¿Y cómo se manifiesta? Fuera de nosotros. Al contemplar, al oír, al tocar, al oler… ¿Y cómo se llega a ella? Ya hemos llegado.

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