07 - 10 - 2013

La Aromaterapia es una técnica que procede de la herbolaria y que utiliza aceites de plantas muy concentrados que son llamados aceites esenciales o esencias naturales provenientes de plantas, cortezas, hierbas y flores, los cuales se frotan en la piel, se inhalan, se ingieren o se añaden al baño con el fin de promover tanto el bienestar físico como psicológico. La diferencia con las plantas o hierbas que se utilizan en herbolaria, estos aceites esenciales no son ingeridos, sino que se inhalan o se aplican sobre la piel. Los aceites esenciales poseen muchas propiedades que provocan estímulos en el ser humano y se convierten en un inestimable elemento de bienestar.

En la antigüedad, los egipcios hace 40 siglos A.C hacían preparados con aceites esenciales que se utilizaban en medicina, cosmética, baños, y para armonizar los templos. Los perfumes egipcios eran bastante diferentes de lo que hoy en día entendemos como perfumes. Los perfumes actuales son líquidos y tienen en su mayoría el alcohol como vehículo. Por el contrario, los egipcios jamás destilaron sus aromas ni utilizaron alcohol como agente, sino que sus perfumes eran en forma de aceites o grasas perfumadas. Desde las primeras dinastías, los perfumes y ungüentos formaron parte del ajuar funerario y resultaron indispensables en los ritos de los templos. Los egipcios iniciaron el arte de extraer las esencias de las plantas calentándolas en recipientes de arcilla, fueron los alquimistas griegos quienes conservando la fragancia y las propiedades curativas inventaron la destilación para obtener aceites esenciales.

El uso de aceites esenciales se realizaba desde hace milenios en China India y Persia a escuela de Aromaterapia más antigua nace en la España hispano-árabe en los siglos IX, X y XI. Era la España en que convivían árabes, judíos y cristianos, por lo que no es atrevido asegurar que las raíces del arte de la perfumería y de la cosmética en Europa, están en España, lugar estratégico al que se trasladaron sabios y estudiosos de toda Europa que entrando por “el camino de Santiago” venían para aprender de los maestros alquimistas españoles.

El olfato es el único de nuestros sentidos capaz de producir una experiencia emocional sin la intervención del cerebro racional. Los aromas entran por la nariz alcanzando la mucosa olfativa, lugar en que están las células olfativas sensoriales, las células de sostén (las células de sostén rodean a las neuronas y desempeñan funciones de soporte, defensa, nutrición y regulación de la composición del material intercelular) y las células basales (las células basales son células normales que tienen la capacidad de desarrollar cambios). El moco acuoso es el que se encarga de transportar los aromas a los cilios (pequeños apéndices móviles de longitud regular que están en las células), y estos transforman los olores en señales químicas. Las señales aromáticas son conducidas por unas células receptoras especiales hacia el sistema límbico y al hipotálamo. Al poco tiempo, gran parte de la señal olorosa alcanza la corteza cerebral haciéndonos tomar conciencia del olor percibido.

La aromaterapia ofrece diversos beneficios al tener propiedades analgésicas, antibióticas, antisépticas, astringentes, sedantes, expectorantes y diuréticas y puede tratar una amplia gama de síntomas y condiciones físicas como los malestares gastrointestinales, las condiciones de la piel, dolor menstrual y las irregularidades, las condiciones relacionadas con el estrés, trastornos del estado de ánimo, problemas circulatorios, las infecciones respiratorias entre otras. Además de estos beneficios físicos, la aromaterapia también ofrece beneficios psicológicos, ya que la volatilidad de algunos aceites o facilidad con que se evapora en el aire tiene un efecto calmante que facilita la relajación.

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