14 - 08 - 2010

Los símbolos del I Ching se obtienen por la combinación de trigramas -grupos de tres líneas- rectas y quebradas. De su mezcla se obtienen ocho trigramas te simbolizan otras tantas etapas de cambio, de movimiento.

Cada una de ellas tiene una característica definida y un nombre particular, que los individualizan.

Los hijos representan el movimiento en sus variados estados: comienzo del movimiento, peligro en movimiento, descanso y completación del movimiento. Las hijas representan a la devoción en sus varias etapas: penetración apacible, claridad y adaptabilidad, alegria tranquila.

De la combinación de dos de estas imágenes aparecen los hexagramas -seis líneas cada uno- hasta completar un total de 64. Las líneas positivas (rectas) se obtienen cuando resulta una suma impar (7 o 9) y las negativas (quebradas) cuando el resultado es par (6, 8) como a continuación se explica.

Cuando se trata de interpretar el oráculo, al momento de leer las líneas sólo interesan las que corresponden a los números 6 o 9; las demás no tienen significado independiente. En los demás casos no entrañan movimiento, y por lo tanto no deben ser tomadas en consideración.

Las manipulaciones con varillas o monedas permiten que lo inconsciente del hombre se active a fin de traer a luz todos los factores, conocidos y ocultos de una situación. Siempre para consultar el oráculo hay que enfrentarlo con es¬píritu tranquilo y claridad de mente, abiertos a recibir los influjos ocultos, sin prejuicios.

Subyace en todo el I Ching la idea del cambio, que a su vez implica permanencia.

Originalmente existen todas las cosas, que se transmutan y modifican constantemente para retornar a sí mismas. Es el equilibrio fundamental del ying y el yang, la luz y la oscuridad, representadas por el círculo dividido.

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