02 - 06 - 2010

En el hinduismo y en ciertas culturas asiáticas se entiende por chakras a unas zonas energéticas situadas en diferentes partes sutiles del cuerpo humano. Esta dimensión energética del cuerpo es llamada kama rupa (“forma del deseo”) o linga sharira (“cuerpo simbólico”). Ahí se concentra la energía o prana. Hay siete zonas o chakras.


El chakra 1º, llamado muladhara, se localiza entre el ano y los genitales y tiene que ver con la supervivencia y necesidades físicas. El chakra 2º, swadhisthana, se sitúa en el abdomen inferior, entre el ombligo y los genitales y está relacionado con el equilibrio emocional y la sexualidad. El chakra 3º, manipura, entre el ombligo y la base del esternón, tiene que ver con el poder personal y la fuerza de voluntad. El chakra 4º, anahata, centro del pecho, con el amor y las relaciones, el chakra 5º, centrado en la base del cuello, vishuddha, se relaciona con la comunicación y la autoexpresión, el chakra 6º, por encima del entrecejo, ajna, con la intuición y la sabiduría, y finalmente el chakra 7º, parte superior de la cabeza, llamado sahasrara, está relacionado con la espiritualidad.

Según se asciende, puede observarse, parcialmente, una correspondencia con la Pirámide de necesidades de Maslow.
Vemos que el último chakra, que identificamos en la pirámide con el de autorrealización, es el de la dimensión espiritual. Para un desarrollo completo debe existir un equilibrio energético en cada chakra, cuando no hay equilibrio aparecen las disfunciones y patologías.

Veamos a continuación un método energético que opera en el equilibrio y desarrollo espiritual del individuo a partir del trabajo en cada zona pránica o chakra.

El Reiki fue descubierto –o mejor dicho, redescubierto- por el maestro japonés Mikao Usui, en el siglo XIX, y es, en esencia, un método de sanación energética por aplicación de manos. Las manos canalizan la energía universal, sirven de canal para dirigirla al individuo. La palabra japonesa Reiki está compuesta por dos sílabas. “Rei” significa “universal” y “ki” “energía”. Es, por tanto, una práctica espiritual en la que se ‘mueve’ la energía, la cual sana –equilibra, potencia- al individuo.

El maestro Usui estableció un código ético basado en cinco sencillos -pero ricos- principios: “Sólo por hoy: no te enfades, no te preocupes, da gracias, trabaja honestamente, sé amable.”

El practicante Reiki es iniciado por un maestro. Existen tres niveles, que básicamente son: 1º sanación por las manos, 2º sanación
a distancia, 3º maestría. Quizá, el primer prácticamente y maestro de Reiki fue Jesucristo, quien, como cuentan las leyendas bíblicas, sanaba a través de sus manos.

Se considera a esta práctica realmente poderosa y efectiva, y existen multitud de testimonios de personas que se han sanado, aliviado su dolor o que han adquirido mayor conciencia espiritual.

La práctica de esta técnica, es, en sí misma, una meditación. Bien personal, ya que uno puede hacer autoaplicación, o bien compartida, a través de la imposición de manos del practicante o maestro a otra persona. Se aconseja, como en la meditación, evitar las ideas mentales, trabajarlo con quietud mental, pero, en definitiva, la energía actúa por sí sola ya que el practicante sólo es un canal, entre la energía universal y el cuerpo al que se aplica.

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