19 - 11 - 2010

¿Es cierto que los pensamientos “positivos” y “la buena onda” atraen bienestar y bueno salud? ¿Se comunican nuestros pensamientos con los distintos órganos del cuerpo? ¿Qué sucede cuando nos emocionamos, nos asustamos, nos deprimimos, nos reímos o nos entusiasmamos ante algún acontecimiento o noticia que nos impacta?
Indudablemente al igual que nuestro cerebro es capaz de registrar los estímulos físicos también reqistra los estímulos emocionales y responde ante ellos.
¿Cómo responde? Mediante la liberación de verdaderos “Mensajeros de los pensamientos” llamados neurotransmisores o neuropéptidos o neurohormonas. Podríamos decir que éstas son sustancias liberados por el cerebro o las terminaciones nerviosos que actúan a distancia sobre los distintos órganos del cuerpo.
Ante cualquier situación de stress se prende una especie de “alarma roja” a nivel del hipotálamo de! cerebro que mediante la liberación de determinados neurotransmisores le aviso a la glándula pituitaria (más conocida como hipófisis) que debe activarse para liberar por ejempIo : Beta-endorfina, hormona rnelanoestimulante y la hormona ACTH (hormona adrenocorticotropa) que actúa sobre las glándulas adrenales produciendo finalmente la liberación de los famosos qlucocorticoides.
Pero estos mensajeros de los pensamientos no sólo se liberan a nivel del cerebro sino que también son liberados por células de otros órganos come por ejemplo la protagonista del verano: la piel.
Las células que constituyen nuestra piel responden o los rayos ultravioleta del sol liberando la hormona melano-estimulante (por eso nos bronceamos) pero además liberan Beta-endorfinas que ejercen un efecto analgésico (calman el dolor), antiinflamatorio y regulador del sistema inmune de la piel.
Atención!, hemos nombrado el sistema inmune.
¿Por qué introducirnos el sistema inmune si estamos hablando del cerebro? Porque en la actualidad al sistema inmune se le considera uno especie de “cerebro móvil” que al igual que los órganos de los sentidos detectan lo que ocurre en el exterior, sus células detectan lo que está pasando dentro del organismo.
Frente a un stress inmunológico como puede ser una infección u otro proceso el sistema inmune también es capaz de liberar estos “mensajeros de los pensamientos” y es capaz de recibir la acción de cualquiera de ellos liberado por el sistema nervioso. Se establece una verdadera “conversación” entre ambos sistemas. Es decir que la piel, el sistema nervioso y la inmunidad no son sistemas independientes sino que están estrechamente asociados y usan el mismo lenguaje.
Células del sistema inmune liberan neurotransmisores entre ellos Beta-endorfinas. Estos mediadores químicos han sido llamados también “las hormonas de la felicidad” porque producen un estado de bienestar general y se liberan en situaciones placenteras (risa, sexo, ejercicio físico). A nadie le pasa inadvertido el hecho de que los días de sol radiante nos sentimos eufóricos, con más energías y con una alegría a veces inexplicable teniendo en cuenta los acontecimientos que nos toca vivir actualmente.
Llegamos a la conclusión entonces de que los estados placenteros (cada uno sabrá cuál es el suyo) estimulan la liberación de estos potentes antiinflamatorios que se han visto actuarían en determinadas patologías (artritis reumatoidea, esclerosis múltiple, psoriasis, eczemas alérgicos, vitiligo, enfermedades gastrointestinales) mejorando el estado general del paciente.
Entonces si volvemos a leer las preguntas que inician este artículo concluimos que existe una verdadera conexión entre el cerebro-cuerpo lo que explicaría la influencia de nuestros estados de ánimo sobre nuestra salud y que existiría una explicación científica para aquello de que la “buena onda atrae buena salud”.
Por lo tanto aunque ahora nos cueste: Tratemos de reírnos lo más posible, a lo mejor nos ahorramos futuros medicamentos.

¿La felicidad atrae la buena salud?

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